lunes, 27 de marzo de 2017

La Audiencia Nacional Premia a ATA

Desde el minuto uno después de la detención de sus mozalbetes en la Iruñea gobernada por la izquierda abertzale los de ATA dijeron que a sus cuatro detenidos debía de serles mostrada la misma solidaridad que a los nueve represaliados de Altsasu.

Para su desmayo, así fue... por parte de la izquierda abertzale que inmediatamente se dio a la tarea de acompañar a las familias de los detenidos y así hacer más llevadero este difícil trance. La generosidad que caracteriza a quienes se solidarizan con los represaliados del régimen borbónico franquista tomó a los de ATA durmiendo, sin saber accionar como es indicado en estas situaciones.

Pero lo que realmente buscaba ATA era lo que finalmente, según este artículo publicado por Naiz, le ha dado la Audiencia Nacional; tipificar el zafarrancho como «terrorismo», vuelta al todo es ETA para así permitir al régimen perpetuar su estrategia represiva en la Zona Especial Norte.

¿Y quién le ha hecho este favorcito a Sendoa Jurado? Nadie más y nadie menos que la garzoniana Carmen Lamela.

Lean ustedes:
 

La juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela ha aceptado la competencia para investigar los incidentes ocurridos el 11 de marzo en Alde Zaharra de Iruñea, al entender que podrían ser constitutivos de un delito de «terrorismo» en concurso con desórdenes públicos, lesiones, daños, incendio y atentado.

La titular del Juzgado de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, ha asumido la investigación de los incidentes de Iruñea, después de que el Juzgado de Instrucción 4 de Iruñea rechazara el recurso interpuesto por los tres jóvenes que siguen encarcelados por esos hechos y se inhibiera a favor de la Audiencia Nacional «ante la posibilidad de que los hechos delictivos fueran de carácter terrorista».

Lamela sostiene que los incidentes podrían encuadrarse en un delito del artículo 573 del Código Penal, que considera «terrorismo» alterar «gravemente la paz pública y subvertir el orden constitucional».

A causa de estos disturbios, cuatro jóvenes fueron detenidos acusados de participar en los disturbios que tuvieron lugar en la tarde del 11 de marzo en la capital navarra, en los que se arrojaron piedras contra la Policía española, se reventó un cajero y se dañaron comercios y contenedores. Uno de ellos, menor de edad, fue puesto en libertad el mismo día, mientras que los otros tres, vecinos de Errenteria, continúan en prisión.

El juez de Iruñea, cuya decisión se puede recurrir ante la Audiencia de Nafarroa, se ratifica en la calificación provisional de los hechos como un delito de «terrorismo».

En su auto señala que la finalidad de los incidentes ocurridos era «la de alterar gravemente la paz pública, como así ocurrió, y así se fundamentaba tanto en cuanto a la descripción de los hechos indiciariamente acreditados como de los datos obrantes en el atestado, cuyo contenido es inequívoco en cuanto a la situación de alteración de la convivencia pública que se produjo de forma plenamente consciente y planificada».

Según el juez, «las comparecencias de los agentes intervinientes resultan clarísimas en cuanto a las acciones desarrolladas por los recurrentes y a su integración dentro del marco de una manifestación cuyo propósito inicial ya era el de provocar unos incidentes que buscaron de manera inmediata y conjunta».

El magistrado añade que «aunque intente presentarse la actuación de los recurrentes como algo puntual ajeno a los incidentes provocados con ocasión de la manifestación, no puede ignorarse que de los datos obrantes en el atestado se desprende que el grupo de manifestantes respondió a una convocatoria para la realización de una manifestación no autorizada que tenía por objeto principal la búsqueda de un enfrentamiento violento con la policía que afectara al normal desarrollo de la convivencia para lo que desde el principio se integraron entre los manifestantes encapuchados portando bolsas grandes con piedras y objetos contundentes, lo que no pudo pasar desapercibido a ninguno de ellos, y de inmediato, ocultando sus rostros para dificultar su identificación».

Según consta en su auto, los manifestantes como tales, y no un pequeño grupo, «comenzaron a encender bengalas y arrojar cohetes y petardos de gran potencia para, al llegar a la plaza del Castillo, arrojar objetos a la fuerza policial actuante retirándose de forma organizada primero hacia la zona de Mercaderes y luego a la de Navarrería, utilizando en ambos casos contenedores para formar barricadas, actuación en la que fueron observados ya en Navarrería los recurrentes precisamente en acciones que constituyen la esencia de la lucha organizada frente a la policía que venía inicialmente planificada, no solo trasladando contenedores, uno de ellos incendiado, para impedir el avance policial sino recogiendo incluso los vidrios caídos durante el traslado de uno de los contenedores para poder continuar con las reiteradas agresiones a los agentes».

Añade que los tres investigados fueron detenidos «cuando se retiraban hacia otra zona ya que en momentos anteriores y a la vista del relato policial de los hechos hubiera resultado imposible cualquier detención debido a la violencia de la acción a la que no pudo ponerse fin sino con utilización de material antidisturbios».





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domingo, 26 de marzo de 2017

Ardanza y el Colaboracionismo Equidistante

¿En qué se parece el discurso de José Antonio Ardanza al de los voceros de ATA?

Sencillo, ambos se centran en la izquierda abertzale como el colectivo a denostar.

Claro, los jeltzales, protectores de los intereses de la oligarquía vasca tejen fino, a diferencia de los pupilos de Sendoa el Iluminado quienes prefieren la "vía de la confrontación directa".

Ambos saben manejar la equidistancia entre su odiada izquierda abertzale y la corona borbónico franquista. A los jeltzales esto les reditúa muchos votos mientras que a los de ATA les garantiza que chavales sin ideología estén dispuestos a servir como carne de cañón.

Hoy tanto los jeltzales como ATA están en aprietos pues la firmeza y congruencia de ETA para con el proceso de paz abierto por amplios sectores de la sociedad vasca, entre quienes no están, usted lo ha adivinado, ni la oligarquía ni los autoproclamados como únicos defensores de la amnistía para los presos políticos vascos, está a punto de alcanzar un hito muy particular el 8 de abril en Baiona.

Dicho lo anterior, les dejamos con esta entrevista publicada en La Vanguardia:


El exlehendakari repasa sus días en Ajuria Enea y la relación de Euskadi y España

Alex Rodríguez-Rata

José Antonio Ardanza (Elorrio, 1941) ha sido el lehendakari más longevo del País Vasco (1985-1999). También el primero del PNV que gobernó en coalición transversal junto a los socialistas vascos. Y el que impulsó los acuerdos de Ajuria Enea para dar con puntos y comas compartidas ya sea al Estatuto de autonomía vasco como a la lucha contra ETA.

Sin embargo, Ardanza es –visto desde hoy– el hombre en la transición de la Euskadi del siglo XX a la del XXI: llegó al poder tras la dimisión del “cesado-dimitido” Garaikoetxea –si usamos las palabras del propio exlehendakari a La Vanguardia – en 1985, y dejó el despacho 14 años más tarde en manos de su vicelehendakari, Juan José Ibarretxe.

En medio queda la LOAPA, procesos de paz, crisis, recuperación y “pactos, pactos, pactos”.

¿Esperaba que el País Vasco llegara a las cotas actuales de autonomía? ¿Se ha desarrollado tal y como esperaba?

Esperaba mucho más, porque las cotas de autonomía que se comprometieron con el Estatuto eran muy superiores a las que después han resultado. Después vino la LOAPA, y con la LOAPA el cepillado no ya del Estatuto –porque es Ley Orgánica– sino de su aplicación e interpretación, etc. Y el cepillado ha sido constante. Es por lo que se ha ido produciendo en la sociedad vasca, y sobre todo en el mundo nacionalista, esa sensación de hartazgo, frustración o engaño.

¿Cree que pese a todos los roces que haya habido, la autonomía del País Vasco como el estado de las autonomías ha sido un cambio para mejor en Euskadi como en España?

Sí, por supuesto. Yo siempre he sido un gran defensor del Estatuto. Visto desde la época de la dictadura franquista y las “provincias traidoras”, pues ahora tenemos un concierto económico, autonomía y competencias propias, aunque no se hayan cumplido las previsiones del pacto de 1979. Ahora, en la parte que se han cumplido hemos avanzado de manera importante.
Hay conceptos que en el pasado generaron arduos debates: nación, estado, independencia… Al discutir hoy con estos términos, ¿hablamos de lo mismo? ¿O han cambiado su significado?

Básicamente no. Desde que la Constitución recoge nacionalidades y regiones surge el debate. Decimos: ‘¿Qué quiere decir nacionalidad en contraposición a región?’. La nacionalidad está definida, por la propia doctrina política española, como una nación sin Estado, porque se es nacional de una nación. Esas cosas ya quedaron claramente establecidas en aquel momento. España, por tanto, es un Estado pero no es una nación; es un Estado compuesto por distintas nacionalidades, es decir, naciones sin estado. Claro, después en la LOAPA y en los debates intelectuales –sobre todo en el PSOE– cada vez más fue primando un sentido jacobino del Estado. Y entonces se inventó por parte de los socialistas aquello de que ‘España es una nación de naciones’. Me solían decir: ‘¿Por qué los nacionalistas siempre habláis de España como del “Estado”?’ Pues porque la nación española como nación uninacional no existe.

¿De ahí el debate sobre la vigencia o no de la independencia más allá de la nación?

Una nación que forma parte de un Estado plurinacional tendrá la opción o no, o querrá ejercer o no ser independiente o soberano. Ahí sí que las cosas han ido enriqueciéndose. Cuando el 1 de enero de 1986 estamos en Europa y viene todo el tema de la globalización, se nos dice que ‘no tiene sentido’. Y claro que no tiene sentido. No existe ningún país independiente. ¿España es independiente?

Últimamente se repite más el no.

España no es independiente. Desde el momento en que estamos en Europa está sometida a la normativa europea. Y yo, como vasco, también quiero estar sometido a esas normas. Hoy en día nadie es independiente, todos somos interdependientes; nadie es soberano, todos somos cosoberanos. Es así que tendremos que pactar con el Estado español cómo vamos a entender las cosoberanías o las interdependencias de unos y de otros. Yo no pienso quedarme aislado del mundo, de Europa, etc. Yo lo que quiero es formar parte de todo eso, pero no necesito que nadie me represente en lo que soy capaz de hacer.

Hoy, sobre todo desde fuera de Euskadi, se dice: ‘Bueno, Urkullu vuelve a pactar con los socialistas al igual que hizo Ardanza; vuelve en cierta forma el pragmatismo a la política vasca’. ¿Vuelve?

No sé si vuelve o no. Ha habido momentos en que el péndulo iba más hacia la confrontación con Madrid y otros en que no porque, en medio, se nos iban metiendo los comportamientos antidemocráticos y fascistas de los que practicaban el terrorismo. Unos y otros aprovechaban esa situación para darle caña al PNV. Pero el PNV siempre ha estado ahí, en la mitad; siempre nos hemos movido en la realidad aprendida de nuestros antepasados: lo fundamental para un país pequeño ante uno grande es el pacto. Con la Corona en su momento, el estatutario, etc. Pacto, pacto, pacto. Porque tratar de imponer la solución no es posible. Y sobre todo porque ese pacto, previamente, tiene que ser un pacto entre vascos. Aquí el conflicto Euskadi-España lo es en segunda derivada. El primer conflicto que tenemos que resolver es el de Euskadi dentro de Euskadi, porque en Euskadi hay dos nacionalismos: el vasco-español y el vasco-vasco.

En el conflicto entre Euskadi y el Gobierno central como entre este y otras comunidades como pueda ser Catalunya la solución que cada vez más se cita es una política de ‘mayor bilateralidad’.

Es lo que siempre hemos planteado desde la propia Constitución. Por eso que dijéramos: ‘Bueno, esta Constitución según cómo se quiera aplicar tiene margen para que podamos entendernos perfectamente y quepamos dentro en nuestra condición de nacionalidad, es decir, de nación sin Estado’.

¿Cree que esa puede ser la vía para gestionar la pluralidad en España? Ya hay actores que en Catalunya reclaman un estatus como el vasco, muy en particular en cuanto a la financiación.

No lo sé, porque los catalanes tuvieron la opción de la vía vasca en 1978. Pujol alguna vez me dijo: ‘Es que los vascos tenéis derechos históricos, concierto económico y ETA’. Y yo le decía: ‘Vamos a ver, president: no te deseo nunca tener a ETA, porque eso mata a toda la sociedad. Y en lo de los derechos históricos o el concierto, solo recordarte que tuvisteis la oportunidad en la ponencia constitucional pero que os parecieron antiguallas que no tenían sentido avanzado el siglo XX. Hacienda propia, impuestos propios… Ya recaudaría Madrid que yo me encargaría de gastar’.

¿Haberlo rechazado entonces le resta legitimidad hoy?

En absoluto. Si una nacionalidad es auténtica nación y en su día fue Estado, esa es la catalana.

Usted, como lehendakari, o Jordi Pujol como president de la Generalitat de Catalunya, ¿se consideraban diferentes del resto de presidentes de Comunidades Autónomas españolas?

Sí. No sólo nos considerábamos, es que los demás también nos consideraban diferentes.

Usted, como lehendakari, o Jordi Pujol como president de la Generalitat de Catalunya, ¿se consideraban diferentes del resto de presidentes de Comunidades Autónomas españolas?

Sí. No sólo nos considerábamos, es que los demás también nos consideraban diferentes.
¿Veía entonces posible que ETA pusiera fin a la lucha armada?

Por eso luchamos tanto, y por eso se hizo el acuerdo de Ajuria Enea y en 1998 el plan Ardanza, mecanismos con los que queríamos ver cómo afrontar el desarrollo de la identidad propia para hacerle ver a ETA que el desarrollo de lo vasco y de la nación vasca no requiere de pistolas.

¿Y se imaginaba el final tal y como se produjo?

Aunque entonces teníamos la esperanza, veíamos que los compromisos que se iban asumiendo con ETA, la ETA del día siguiente, o cada vez que caían los generales y los coroneles tomaban el mando, estos marcaban su propia política. Sabíamos que en algún momento iba a terminar, pero ¿terminaría en mi generación? Afortunadamente ha terminado mientras estoy vivo. Es la mayor satisfacción que he tenido como nacionalista, porque la excusa de que todos somos iguales y de que la violencia es algo que está inscrito en los nacionalismos… Claro, y en el nacionalismo español también. Y por eso Franco. Ya sé que el nacionalismo mal conducido acarrea violencia. Siempre ha sido así.

El futuro de Euskadi y España

Ahora que parece que el País Vasco, según han acordado el PNV y PSE, se encamina a un nuevo Estatuto, ¿a qué le gustaría que se asemejara la nueva Euskadi que de ahí surja?

Hay mucho donde elegir. Dinamarca, Holanda, Bélgica, y no digamos ya Luxemburgo, que es más pequeño que Bizkaia.

¿En qué sentido? ¿Se refiere a políticas públicas?

Los estados nórdicos, con las imperfecciones que también tienen –no son la gloria bendita–, son lo que siempre hemos soñado. Somos un partido socialdemócrata, humanista, vinculado en nuestra generación a la doctrina social de la Iglesia aunque con sociedades más laicas nos hemos acomodado a conceptos más laicos.

En España también se alzan voces favorables a una reforma constitucional. Por eso, de lograrse el pacto, ¿a qué le gustaría que se asemejara la nueva España que de ahí surja?

Me asusta hablar en este momento de una reforma constitucional en España, porque a lo que se ha ido desde 1978 en que se aprobó la Constitución ha sido a posiciones cada vez más jacobinas y centralistas en su concepto de Estado. Hay un PP que no quiere en absoluto abrir ese melón, un PSOE que no se aclara de qué es lo que quiere y para qué, y un Podemos que, chico, ‘virgencita virgencita, que me dejen como estoy’ porque no sé exactamente lo que quieren o lo que van a querer después de Vallecas o de…

¿Mejor lo presente que lo bueno o malo por conocer?

Una reforma constitucional en este momento la veo muy, muy verde. Me encantaría que la Constitución se modificase, sobre todo en el tema territorial para dejar muy claro que en el Estado español hay muy pocas nacionalidades. Regiones, todas las que se quieran inventar aunque estas no hayan tenido mucha conciencia ni siquiera regional. Pero nacionalidades, es decir, naciones sin Estado, quitando la catalana y la vasca, pues no sé si hay más. Porque una nacionalidad no sólo se soporta, aunque también, en una lengua, historia o cultura propia, sino que además tiene que tener una voluntad de presente.

La vida en Ajuria Enea

¿Hay mucha diferencia en su vida diaria y horarios entre cuando era lehendakari y ahora?

La vida es total y absolutamente distinta. En Ajuria Enea nunca solía acostarme a pierna suelta. Y menos en mi época. En cualquier momento podían interrumpirme, y desgraciadamente solía haber muchos atentados o intervenciones de la Ertzaintza que pudieran suponer un riesgo. Esa noche no dormía.

Dormía poco y se levantaba, imagino, a una hora más que prudente.

Me levantaba normalmente para las siete de la mañana. Tenía mis manías: a las siete oía un noticiero en una emisora, y a las ocho en otra. Normalmente para esa hora, además, ya me traían todos los periódicos. A las nueve era cuando ya iba al despacho.
¿Qué destacaría de vivir en Ajuria Enea?

Aquella vida era muy dura. No podías compartir vida familiar. Hay que tener en cuenta que en aquella época vivíamos todos rodeados de medidas de seguridad: a mis niños como a mi mujer se les llevaba a la ikastola con la escolta asignada. Yo tenía todo dentro de Ajuria Enea, pero el escolta me acompañaba siempre a todas partes, hasta allí dentro. La verdad es que en aquellos tiempos entrar en política… en lo que entrabas era con el riesgo de que te llevasen a algún sitio con los pies por delante.

Al ser elegido lehendakari en 1985 coincidió con su antecesor, Carlos Garaikoetxea, al igual que años después en 1999 lo hizo con su sucesor, Juan José Ibarretxe. ¿Cómo lo recuerda?

Tuve la suerte de que quien me sucedió fue Juan José Ibarretxe, mi vicelehendakari, y por tanto sabía perfectamente cuál era la vida del lehendakari. Por esa razón no le apetecía nada serlo. Sabía que un lehendakari, en aquellos tiempos, tenía una absoluta falta de libertad. No había forma de improvisar.

En cierta manera se apiadó del señor Ibarretxe.

Claro. Al actual, a Iñigo Urkullu, afortunadamente le ha tocado gobernar en tiempos de la desaparición de la violencia de ETA, y eso ha cambiado la vida en general de todos en este país. O sea que hablar en este momento conmigo casi casi es hablar con la prehistoria.

¿Recuerda la polémica sucesión con su predecesor Carlos Garaikoetxea?

¿El cambio sin acuerdo? Como si fuera ayer. Allí las cosas se fueron complicando y al final se produjo el enfrentamiento entre Carlos Garaikoetxea y el partido. Me dolió muchísimo. No lo entendía… No estaba de acuerdo ni con mi partido ni con el lehendakari. Pero cuando al final me tocó optar, para mí el partido es lo fundamental y lo que permanece desde que Arana lo fundara, mientras la persona física del lehendakari es pasajera. Entre la opción coyuntural y otra estructural no tuve duda.

¿En sus días como lehendakari tuvo algún desengaño en particular?

Al ver lo pasajero que son los compromisos en la política. Nosotros hemos hecho acuerdos de coalición más de una vez, y luego los compromisos dependían de interpretaciones. Lo que ocurre es que el pequeño sabe que el grande siempre –por mucho que haya asumido no sé qué cosas– va a estar tratando de imponer, imponer e imponer su posición. Y hoy es el día en que eso subsiste.



Pregunta a Ardanza, ¿cómo puede ser el régimen español más jacobino y centralista a partir de 1978 que durante el mandato de Francisco Franco?





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ETA Deicida

Vaya que se le ha soltado la lengua a José Ignacio Munilla quien en una conferencia nos ha hablado de los migrantes, de los musulmanes buenos y los musulmanes malos, de los refugiados de primera y de segunda... y de como ETA atentó en contra del mismísimo Dios Padre Todopoderoso Creador de la España Una y de Todo lo Visible y lo Indivisible.

Habló de tantos temas según nos relata este artículo en El Diario que parece ser no tuvo tiempo de hablar de los sacerdotes acusados de pederastia, suponemos que por lo importante del tema lo dejó para otro momento... ¿o será que todavía no encuentra vínculo entre estos depravados hombres de Dios y los malos malosos malérrimos berri-etarrak?

Lean ustedes:


El obispo Munilla cree que "cuando se viven determinados ideales de forma fanática, se acaba viviendo una pseudoreligiosidad"

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha asegurado que la acogida de Europa a los "flujos migratorios" que llegan de países en conflicto "no debe ser ciega" y se debe "discernir". Asimismo, ha afirmado que ETA ha hecho un gran daño "no solo a las víctimas, sino a la religiosidad" de la juventud vasca. "Cuando se viven determinados ideales de forma fanática, se acaba viviendo una pseudoreligiosidad".

Munilla ha tomado parte en las XII Jornadas de Católicos y Vida Pública celebradas n Bilbao, donde ha participado en una mesa redonda junto a los obispos de Bilbao y Vitoria, Mario Iceta y Juan Carlos Elizalde.

En su intervención, Munilla ha realizado un recorrido por los pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco que, a su juicio, se deben leer "conjuntamente". En este sentido, ha definido el pontificado de Juan Pablo II como el de la "esperanza", por haber permitido ver "un futuro para una Europa diferente". Asimismo, ha destacado el pontificado de Benedicto XVI a la hora de hacer frente al "relativismo y la pérdida de valores".

Por otro lado, ha considerado "sorprendente" que países como Kuwait o Arabia Saudí, que tienen como vecinos a naciones que sufren la crisis migratoria, tengan sus fronteras "absolutamente cerradas", cuestión que ha enmarcado en una "estrategia y voluntad".

"Están dispuestos a subvencionar la construcción de mezquitas en Europa pero no admiten a un nuevo musulmán entre ellos", ha criticado, para añadir que la clave por parte de los países europeos pasa por dar una "respuesta equilibrada".

En esta línea, ha afirmado que existe el "reto" de "discernir" entre el "islam fundamentalista del moderado" y ha reconocido que la comunidad islámica de San Sebastián le ha pedido que interceda ante las autoridades para que un imán de tendencia moderada tenga permiso de residencia.

"Cuando el Papa Francisco hace un llamamiento a la acogida de la inmigración, si alguno entiende que es un llamamiento a no discernir se equivoca. La generosidad no tiene que ser ciega, tiene que ser discernida. El riesgo existe y los matices hay que incluirlos", ha valorado. No obstante, ha asegurado que los flujos migratorios en la actual Europa van a permitir "sacudir nuestra mediocridad".

En este contexto, ha manifestado que la "herejía" de nuestro tiempo está en "contraponer fe y caridad", y ha alertado del riesgo de que "la alternativa sea fundamentalismo o relativismo".

En su opinión, Europa está cayendo en la "trampa de escenificar nuestra reacción frente al fundamentalismo no creyendo en valores objetivos". "La única respuesta posible al fundamentalismo es creer en nuestras raíces y valores. Si uno no cree en su identidad, es fagocitado", ha indicado, para añadir que la "alternativa al fundamentalismo no es el relativismo, sino creer en nuestras raíces cristianas".

Crisis de refugiados

El prelado ha criticado además que la "crisis de los refugiados" está generada por la "intervención errática de Occidente". "Se ha hecho un seguidismo absurdo, entrando como un elefante en una cacharrería en países como Irak o Siria", ha añadido.

Por ello, ha considerado que Europa tiene "un deber moral de acogida", consecuencia de que Occidente es "culpable y causa de los ciclos migratorios". Además, ha recordado los bajos niveles de natalidad que se dan en Europa y ha considerado que los flujos migratorios representan una "gran oportunidad".

De este modo, y cuestionado por los corredores humanitarios de la comunidad de San Egidio, y la voluntad del lehendakari, Iñigo Urkullu, de impulsarlos en Euskadi, el prelado ha valorado los "contactos" mantenidos al respecto con el Ejecutivo vasco, pese a tratarse de una competencia del Gobierno central.

No obstante, ha incidido en que existe "disposición y voluntad" de coordinación para poder "vehicular" esta posibilidad. "Existe la posibilidad, pero poner la letra pequeña tiene su proceso de complejidad", ha confesado.

Por su parte, el obispo de Bilbao, Mario Iceta, ha defendido la necesidad de educar en virtudes y afectos, y ha reivindicado la unidad de "cuerpo y espíritu" del ser humano frente a la ideología de género que "no da relevancia al dato biológico" y considera al cuerpo como algo "despersonalizado".

Asimismo, y cuestionado por los casos de transexualidad en la infancia, ha apostado por "acoger, respetar y acompañar" a estas personas de cara a orientarlas.

ETA

Preguntados los tres obispos por el descenso en las cifras de práctica religiosa en Euskadi, José Ignacio Munilla ha indicado que el mapa religioso de España "ha cambiado completamente" de tal forma que en actualidad "el norte es menos religioso que el sur y las ciudades más religiosas que los pueblos".

Respecto a las causas de estos cambios, ha advertido de que el "dinero corrompe" y ha incidido en que "el norte de España ha sido más rico que el sur", lo que "introduce formas de vida secularizantes".

"El tema de las ideologías también es un factor clave. ETA ha hecho un gran daño no solo a las víctimas, sino a la religiosidad de nuestra juventud", ha subrayado. En su opinión, cuando se viven "determinados ideales de forma fanática, se acaba viviendo una pseudoreligiosidad".

Por su parte, Juan Carlos Elizalde ha sostenido que un "nacionalismo bastante exacerbado, y pasa también en Cataluña, junto a una Iglesia muy en sus fronteras nacionales que no mira a Roma y a la Iglesia universal, desfigura el horizonte vocacional". Por ello, ha defendido una Iglesia "universal" frente a una Iglesia "narcisista que mira hacia sí misma".





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La Simbología Según ATA

Los iluminados de Sendoa Jurado suelen desgañitarse exigiendo que sus comunicados llenos de odio hacia los colectivos del pueblo vasco en resistencia sean publicados en medios de comunicación como Gara y Berria.

Dicen que la Izquierda Abertzale Oficial les censura.

Pues aquí en este blog los publicamos con el objetivo de que nuestros visitantes tengan una oportunidad de palpar la diversidad que existen en Euskal Herria.

Pero como somos un blog refrendamos nuestro derecho a editorializar nuestras publicaciones y nadie nos va a hacer cambiar de parecer a ese respecto.

Hoy les traemos por conducto de La Haine la reacción por parte de los atados y bien atados al inminente desarme de ETA convocado para el 8 de abril en Baiona y como es ya costumbre una vez más recurren al insulto y a la descalificación. En su momento le aplicaron el epíteto de oficial a la Izquierda Abertzale, hoy, ocurrentes como son, se regodean adicionando un berri a ETA como si la que iniciara el proceso de DDR hace cinco años nada tuviera que ver con la ETA - o ETAs - del pasado.

Lean ustedes:


Petri Rekabarren

Lo que queda de la actual ETA ha decidido rendir sus armas al Estado francés. Antes de seguir hagamos tres aclaraciones: una, cuando hablamos de la actual ETA lo decimos para expresar la larga historia de esta organización que en modo alguno puede quedar empañada por las decisiones del grupo dirigente de la actual ETA. Otra, que respetamos la decisión de esta ETA berri desarmada, pero ofrecemos nuestra opinión como lo venimos haciendo desde hace varios años. Y última, en realidad la decisión del desarme es responsabilidad del núcleo rector de la izquierda abertzale oficial, que se había desarmado mental, teórica y políticamente antes del debate Abian, como se aprecia en el lúgubre y triste documento sobre la Vía Vasca para la Paz. Por tanto, este análisis va más a la raíz de la decisión –La Nada no es meta ni camino, es Nada– que a uno de sus efectos consecuentes, la rendición de armas. En otro artículo explicaremos por qué no es casual la referencia a la extinta ETA berri.

¿Suena fuerte eso de «rendir armas»? Muchas prácticas sociales conjugan el valor de lo simbólico con la meticulosidad de la ciencia: la cocina, el amor, la creatividad estética y cultural… y la guerra. Son todas ellas prácticas sociales que tienen una determinante carga simbólica por su misma naturaleza, no son fría y escuetamente «tecnológicas» por irnos al extremo del análisis, sino «humanas» con todas sus contradicciones. La ciencia y el arte de la guerra son muy complejos y mutables pero tienen determinados conceptos y reglas que se descubrieron hace mucho tiempo. Una de ellas es la fuerte simbología de la rendición o dejación de las armas, aunque estén inutilizadas o no, ya que es innegable su simbolismo en un mundo basado en la explotación, en la violencia opresora y en la violencia defensiva, tanto para el que las tiene y las conserva como para quien las tuvo y las destruye o las entrega al poder al que ha combatido, estén melladas e inservibles o no.

Siempre que se habla de armas en un contexto de opresión existe a la vez una permanente e implacable lucha entre valores simbólicos contrarios: los del explotador y los del explotado y explotada: no puede existir nada que se libre de esa lucha entre simbologías porque ellas mismas son armas morales y también materiales. Ganar batallas simbólicas puede llegar a ser tan importante como ganar batallas materiales, pero en determinados momentos perder una batalla moral, simbólica, es desastroso, y aunque las armas de los oprimidos y oprimidas dejen de tronar y hasta sean desactivadas antes de ser entregadas, aun así continúa y continuará la guerra simbólica.

En lo relativo al abandono, dejación, rendición de las armas, o como queramos denominarla para los objetivos de este artículo, el resultado de esa batalla concreta entre valores contrarios depende en buena medida de, al menos, cuatro cuestiones: para qué se entregan, a quién se entregan, cómo se entregan y qué capacidad existe de contrarrestar las versiones del opresor.

La actual ETA ha entregado las armas porque se ha pasado al pacifismo: es una organización desarmada porque cree que la independencia y el socialismo pueden conseguirse pacíficamente. Y como ejemplo de su convencimiento entrega las armas a su enemigo, que no se ha desarmado ni se desarmará. Las entrega para mostrar a la «sociedad» que va en serio, que no tiene ni voluntad, ni ánimo, ni posibilidad para reiniciar la lucha política armada en un futuro, incluso bajo la permanente opresión franco-española. Se desarma para que quienes, durante décadas, han puesto como excusa de su pasividad el argumento de que rechazan «toda forma de violencia» empiecen ahora a moverse y para que sectores que no votan a la izquierda abertzale puedan ahora hacerlo, o para quitar razones a quienes se enfrentan a ella. Lo hace, también, porque «la sociedad ha cambiado» y porque «el Estado se siente cómodo en la violencia», etc.; y porque cree que… Durante varios años hemos analizado críticamente estas y otras tesis mostrando sus debilidades, mostrando que conducen a la nada como así ha sido.

Ha sido el Estado francés el receptor de las armas. Se intenta argumentar que hubiera sido peor dárselas a los españoles, como si los franceses fueran menos malos porque no torturan tan medievalmente. La represión francesa es más astuta porque allí hubo una revolución burguesa victoriosa que abrió las puertas a un capitalismo algo menos cerril, fanático e inquisitorial que el español, pero tan criminal como este cuando necesita aplicar el terror. Una parte de nuestra patria está ocupada por ese Estado que recibe las armas de la actual ETA.

Las fuerzas represivas francesas van a recibir planos con la ubicación de las armas. No va a ser la actual ETA la que se los dé sino los llamados «artesanos de la paz», gente valerosa que arriesga años de cárcel por sus ideales, al igual que tantas y tantos abertzales y militantes de la organización desarmada, lo que evitaría, sobre todo, además de seguimientos posteriores, no ver comprometida su imagen con una especie de «acto de rendición total». Pero el problema no es quién hace de intermediario, ni cómo se entregan, sino a quienes se quiere entregarlas: a la judicatura francesa. El poder judicial no es un poder autónomo, como quiso engañarnos Montesquieu: la judicatura es un subpoder dependiente encargado no solo de aplicar la ley con obediencia sino sobre todo de ocultar la esencia clasista y violenta de la ley que le dicen que aplique, No es lo mismo darlas a una institución neutral que al poder opresor, al que se ha estado combatiendo hasta hace poco. Dejando de lado si pueden existir instituciones neutrales en el imperialismo actual –¿eran «neutrales» los participantes en Aiete?– y dando por obvio que nadie de la izquierda abertzale histórica, clásica, ha retrocedido tanto como para creer ahora que el Estado francés ya no es enemigo de Euskal Herria, la cuestión está clara.

Pero lo decisivo no son estas tres cuestiones, aun siendo importantes, sino que tras seis o siete años desde que la actual ETA dijo que quería desarmarse definitivamente, desde noviembre de 2010, la izquierda abertzale oficial ha mostrado su incapacidad para sostener la guerra simbólica con visos de victoria a medio plazo. Se pueden llenar muchas páginas transcribiendo documentos, editoriales de Gara, entrevistas y declaraciones, además de artículos, en los que domina la absoluta indiferencia –además de supino desconocimiento– sobre la capacidad de alienación del sistema capitalista, y más en esta fase, y sobre las posibilidades que se abrirían para la izquierda independentista si actuase con perspectiva y decisión en ese mundo cotidiano casi monopolizado por el capital.

Los aplausos de EH Bildu, de Sortu, de Gara y del soberanismo pequeño burgués y reformista como el artículo de Le Monde; la propaganda sistemática de EITB y de la prensa; la euforia del PNV y el triunfalismo exultante del imperialismo franco-español que se reafirma en que va a hacer cumplir su ley –vae victis–, estas reacciones previsibles y que estaban organizadas con antelación a la espera de los acontecimientos, son solo parte de un proceso general que caminaría hacia la victoria aplastante de la simbología del poder.

Decimos que se orientaría hacia esa victoria porque no todo está perdido. De hecho, como algunos colectivos ya lo están teorizando en la izquierda abertzale clásica e incluso en algunas personas que resisten estoicamente en la oficial, germina una nueva rama del tronco revolucionario que hunde sus raíces en la lucha de clases vasca de comienzos del siglo XX y en la lucha de clases mundial desde mediados del siglo XIX. Hablamos y hablaremos de lucha de clases, sin pedir permiso a Sortu.

Terminamos con la respuesta a la pregunta ¿y ahora?: con el desarme concluye parte, solo parte, de una larga, heroica y decisiva lucha de liberación sin la cual ahora el pueblo trabajador vasco estaría definitivamente subsumido en el capital transnacional y en los Estados francés y español, e integrado en los regionalismos funcionales a estos. Sabemos que el capitalismo del siglo XXI es diferente en la forma al de mediados del siglo XX, al de comienzos de ese siglo y al de mediados del siglo XIX. Lo sabemos por nuestros propios esfuerzos teóricos, no porque nos haya ayudado la reseca rama de la izquierda abertzale oficial.

Sabemos qué ha cambiado y qué está cambiando, e intuimos con bastante rigor hacia dónde van los cambios que quiere introducir el capital y ese Trump felicitado por EH Bildu. Recordemos la vigencia del Manifiesto comunista:

    Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.







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Un 8 de Abril muy Vasco

Resulta que el diferencial vasco es tan omnipresente que sentará historia una vez más.

Así es, en la historia reciente de la resolución de conflictos - Sudáfrica, Irlanda, Colombia - nunca se había presentado la situación en la que se desarrollase un proceso de desarme de forma unilateral, sin importar la postura con respecto al mismo por parte de los agresores, en este caso el régimen español y sus colaboradores en el régimen jacobino.

La apuesta por la paz surge de la organización del pueblo vasco en torno a su derecho a autodeterminarse, para desmayo y enojo por parte de las oligarquías española y francesa, que reaccionan violentamente al darse cuenta que se ha abierto un boquete en el muro que han construido alrededor de naciones enteras en apego a su vocación colonialista y genocida. Así se explica que París esté dispuesta a condecorar a matarifes españoles por haber participado en la guerra sucia en contra de un pueblo que se ha atrevido a exigir y ejercer los derechos civiles y políticos que le confiere la legislación internacional al respecto.

Les dejamos pues con este españolísimo reportaje acerca del 8 de abril, en el cual incluso se deja ver que Madrid hostigó a los integrantes del CIV hasta el punto del abandono de su misión de paz, algo también inaudito con respecto a los procesos de pacificiación recientes y que pone en entredicho la verticalidad ética de Ram Manikkalingam, lo cual explica el por qué diferentes estamentos de la sociedad vasca tuvieron que redoblar esfuerzos ante la peligrosa postura adoptada por Madrid y mimentizada por París.

El reportaje ha sido publicado en Deia:


El último acto del desarme de ETA va a ser tan inaudito como genuino. Tras fracasar el intento de negociación, la banda se ha visto abocada a buscar otra salida con los verificadores, el Gobierno vasco y el grupo de Luhuso como actores

Humberto Unzueta

8 de abril. Es el día señalado por el grupo de mediadores de Luhuso para completar el desarme de ETA, cinco años y medio después de que anunciara el final de su actividad violenta y seis desde que la izquierda abertzale decidiera por ella poner fin al ciclo de la lucha armada en Euskadi. Quedan dos semanas hasta esa fecha y todavía se desconoce casi todo de cómo se escenificará la operación de desarme: el o los escenarios, el director de escena, los actores protagonistas, la coreografía, el público, los invitados VIP… y sobre todo, el guion de la obra.

Han pasado diez días desde que el diario vespertino francés Le Monde publicó la noticia en la que Jean Nöel Etcheverry, Txetx, anunciaba la fecha en la que se consumará el desarme de ETA y confirmaba la participación en el proceso de los intermediarios de Luhuso, los mismos que en diciembre pasado fueron detenidos en una vivienda de esa pequeña localidad de Lapurdi mientras dejaban fuera de uso un arsenal de la organización armada. En el proceso también han intervenido de manera decisiva la Comisión Internacional de Verificación (CIV) liderada por Ram Manikkalingam y el Gobierno vasco. Son los tres vértices del triángulo que ha hecho posible que esta vez sí sea creíble que vaya a darse con garantías y éxito el penúltimo capítulo del fin de ETA antes de su disolución. Las declaraciones de los líderes de los gobiernos español y, sobre todo, francés apuntan a que no interferirán ni obstruirán el desarme y que, por tanto, los verificadores internacionales podrán actuar con seguridad jurídica como fedatarios en tierra francesa.

Desarme legal

Los verificadores y el Gobierno vasco han puesto como condición para su participación en este proceso que sea un desarme verificado, total, definitivo y sin contrapartidas. También insisten en que deberá ser legal, es decir, que las armas deberán ser peritadas y entregadas en condiciones tales que esté asegurada la cadena de custodia para que los tribunales de justicia puedan utilizarlas en el esclarecimiento de atentados pendientes de resolver su autoría. Este es un elemento clave en este proceso. No serían válidas otras fórmulas como la destrucción de las armas o el enterramiento de las mismas en un lugar desconocido. Este también es uno de los requisitos principales de los gobiernos español y francés, así como de los colectivos de víctimas, que subrayan que aún hay pendientes de resolver más de trescientos asesinatos de ETA. No hacerlo así constituiría un delito.

Nadie puede precisar con exactitud el número de armas, ni siquiera la propia ETA ya que al caer algunos comandos de liberados y ser detenidos sus miembros se ha podido perder información sobre algunos de los depósitos. También resultan problemáticos los arsenales que puedan estar escondidos en pisos o viviendas. La mayoría de los arsenales están en suelo francés, aunque también los hay a este lado de la muga. Fuentes de la lucha antiterrorista calculan que podría tener ahora mismo alrededor de 300 armas, la mayoría robadas en Vauvert (Francia) en 2006.

El papel de los verificadores

El equipo de Ram Manikkalingam validará el proceso de desarme el día 8 y culminará el trabajo iniciado en septiembre de 2011, cuando aceptó hacer un hueco a Euskadi en su agenda de conflictos armados para involucrarse en la verificación del desmantelamiento de los arsenales de ETA. En estos cinco años largos han padecido todo tipo de vicisitudes, la mayoría de ellas inconfesables hasta que dentro de unos años alguno de ellos pueda contarlo. Pero hay otros episodios que vivieron a la vista del público y que imprimieron a este proceso una singularidad sin parangón en otros conflictos del mundo.

Fue en febrero de 2014. Llegaron a Euskadi para dar cuenta del inventariado y sellado de un pequeño arsenal de armas de ETA que fue mostrado en televisión por la BBC. En la imagen aparecían dos encapuchados de ETA, así como Manikkalingam y Ronnie Kasrils, también miembro del equipo de verificadores, tras una mesa con armas, munición y material para elaborar explosivos. Al día siguiente, el 23 de febrero, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno les llamó a declarar como testigos por el vídeo en el que aparecían con los miembros de ETA. Un hito insólito en su dilatada experiencia en procesos similares de todo el mundo. El lehendakari, Iñigo Urkullu, y el secretario de Paz y Convivencia, Jonan Fernández, les acompañaron hasta la puerta del tribunal y les esperaron hasta que terminaron la declaración.

También en esto fue un desarme a la vasca. Desde entonces no ha habido rastro de ellos y hasta se ha puesto en duda que siguieran implicados en la tarea. Más aún cuando tampoco asomaron en la operación de Luhuso en la que los intermediarios de la sociedad civil liderados por Txetx Etcheverry, Michel Berhocoirigoin y Michel Bergouignan inutilizaron varias armas, cuya localización les había sido indicada por ETA con anterioridad. Según señalaron, desmantelaron alrededor de un 10 o 15% del arsenal total de la organización. Ese día Manikkalingam y su equipo no estaban en Luhuso. Diferentes fuentes consultadas por este diario reconocieron en su momento que su ausencia se debió a que los verificadores no aprobaban el método empleado entonces porque no ofrecía seguridad jurídica, como después se comprobó con la operación policial que abortó las intenciones de los intermediarios. Terminaron detenidos durante varios días y, tras declarar en París ante un tribunal, fueron puestos en libertad con medidas cautelares.

El de Luhuso fue un momento crítico en la relación entre las partes porque supuso una pérdida de confianza por parte de los verificadores, que no aprobaron esa fórmula. La intervención de diferentes agentes, entre ellos el Gobierno vasco, ha servido para reconducir la situación y ello ha permitido buscar una vía para ejecutar el desarme. Su acto final será en algún lugar de Francia y en ese momento final los verificadores jugarán un papel determinante.

El papel del Gobierno vasco

Hasta ahora el lehendakari Urkullu y Jonan Fernández han trabajado para facilitar un desarme definitivo, legal, verificable y sin contrapartidas de cara a encarrilar el final ordenado de la violencia. Una vez que han comprobado que esos criterios básicos concurren en esta operación han decidido dar su apoyo y cobertura al mismo. Falta el remate final y en estos días el Ejecutivo vasco trabaja junto con el equipo de verificadores de Manikkalingam para evaluar la situación y valorar si se dan las condiciones necesarias para estar presente en el momento final en Baiona. Dependerá de esa evaluación si finalmente asiste y, de hacerlo, qué nivel de representación llevará. Desde la presidencia del Gobierno vasco no descartan ni una posibilidad: tanto que asista el propio lehendakari como que haya una representación de perfil bajo o ninguna.

Discreción y riesgos

Lakua y los verificadores eran contrarios a anunciar el acto de Baiona con tanta antelación y así lo expresaron ante los intermediarios y su entorno. No lo consiguieron y han tenido que tragar ese sapo. La espera hasta el día 8 de abril se está haciendo muy larga en el Gobierno vasco y en el grupo de verificadores. Cada día que pasa sin novedad es una prueba superada ante el riesgo de que cualquier chispa incendie el proceso larga y duramente trabajado entre bastidores. Todos los días se suceden las declaraciones y las especulaciones en torno al desarme y a esa cita del segundo sábado de abril en Baiona. Lakua propone que cuanto menos se hable sobre el tema mejor y alerta de un exceso de escenificación y sobreactuación como el que se produjo el pasado jueves en la capital labortana, cuando los denominados artesanos de la paz ofrecieron una rueda de prensa en la que hicieron un llamamiento a acudir de manera multitudinaria a la ciudad para apoyar el desarme. Los mediadores justificaron la comparecencia en la presión ejercida por los medios de comunicación para que ofrecieran más detalles sobre el acto del 8 de abril, cosa que no hicieron para no abonar el ruido mediático.

Dos días antes de esa comparecencia saltó uno de los chispazos que tanto teme el Gobierno vasco. Tras la publicación desde algunos medios de comunicación de la existencia de un plan del Ejecutivo de Urkullu para pedir el acercamiento de presos a prisiones de no más de 250 kilómetros de distancia sobre su domicilio (un proyecto que fue presentado en noviembre del año pasado), el presidente del PP en la CAV, Alfonso Alonso, acusó al lehendakari de condicionar el desarme a la flexibilización de la política penitenciaria de los presos de ETA y sin solución de continuidad llegó a llamarle “portavoz de ETA”. Fue uno de los lances más peligrosos hasta ahora que ha tenido que superar el abigarrado camino hacia el 8 de abril. Su partido en Madrid no le secundó sino que al día siguiente el presidente Mariano Rajoy insinuó, por segunda vez aunque esta vez en un foro tan solemne como el Congreso, que no obstaculizará el proceso. “Me parece bien, pero que lo hagan ya y sin contrapartidas”, señaló.

Los gobiernos español y francés

La reunión el martes 14 de marzo entre Mariano Rajoy e Iñigo Urkullu fue uno de los grandes hitos de este proceso. El lehendakari le informó del estado de cosas y de los acontecimientos que están por venir y, aunque el presidente del Gobierno español mantuvo su habitual posición de no hacer ni decir nada, esa misma pose indicaba por sí misma que la operación podía seguir adelante. Aparentemente, el popular se inclina por ponerse de perfil y dejar hacer.

Quedaba por ver cuál iba a ser la posición del Estado francés, en cuyo territorio se va a jugar la partida final. Su postura quedó clara el pasado lunes, día en que el primer ministro Bernard Cazeneuve afirmó que “si se quiere restituir las armas no hay nada más fácil que esto, hay que entregarlas dentro del respeto de las reglas del Estado de derecho: ir a la Justicia y decir hemos decidido poner fin a la violencia, entregamos todas las armas”. Sus condiciones son factibles y no cuesta mucho imaginar que los verificadores internacionales tendrán diseñada la vía por la que el día clave transferirán el mapa de la geolocalización de los arsenales a las autoridades francesas. En todo caso, lo que se espera de los gobiernos español y francés es que acepten que la información sobre los depósitos de armas sea depositada en manos de la Justicia francesa, sea por el canal que sea.

El precedente de Luhuso

Este proceso de desarme comenzó el pasado otoño, cuando el expresidente de la Liga de Derechos Humanos de Francia, Michel Tubiana, el sindicalista y ecologista Jean-Nöel Etcheverry, y el propio Berhocoirigoin hicieron llegar una carta a ETA en la que se ofrecieron como representantes de la “sociedad civil” para ayudar en la entrega de las armas.

ETA respondió a su emplazamiento a través de dos cartas, en las que aceptó la mediación de estas tres personas y abogó por “delegar en la sociedad civil la responsabilidad política del desarme”. “Os pedimos una sola cosa: que el procedimiento utilizado no deje ningún margen a una lectura deshonesta en términos de vencedores y vencidos”, indicó. “Nuestro objetivo es el de poder declarar en el plazo más breve posible que ETA ya no es más una organización armada”, sostuvo la banda. Etcheverry y Berhocoirigoin fueron arrestados el 16 de diciembre en Luhuso, junto con otras tres personas, cuando se disponían a “neutralizar” armas entregadas por ETA. Desde entonces, y pese a las medidas que les impuso el tribunal de París, han seguido trabajando para hacer efectivo el desarme.

Después del 8 de abril

Si todo transcurre como está previsto, el 9 de abril ETA será una organización desarmada. Fracasó en su intento de negociar la entrega de armas con los gobiernos español y francés; posteriormente la Policía ha ido desbaratando sus intentos de desprenderse de sus arsenales, como el pasado diciembre en Luhuso. Ahora ha encontrado una vía, con el concurso de voluntarios de la sociedad civil, para dar el paso en los términos que se le reclamó hace cinco años.

Pasada esta página, la siguiente estación de ETA será la de su disolución. El debate lo lanzó el pasado febrero el interlocutor de la banda David Pla. No hay plazos para ese debate, ni de comienzo ni de final. La precaria situación de la banda impide además hacer vaticinios, aunque el hecho de que el Gobierno de Rajoy condicione la apertura de una nueva dinámica en materia de presos a la disolución de ETA es un factor nada desdeñable para una organización con 370 presos en las cárceles. La mitad de ellos no serán puestos en libertad antes de 2040.






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El Jacobinismo Condecora al Franquismo

Con los casos de Sandra Barrenetxea y Nekane Txapartegi muy presentes sobre la mesa en recientes oportunidades les hemos informado acerca de la inmunidad con la que cuentan los torturadores al servicio del régimen español.

Les hemos dado a conocer como la buena fortuna que le ha sonreído a José María de las Cuevas Carretero y también la aparente falla en burbuja que protege al forense Juan Miguel Monge Pérez.

Pues bien, les traemos un tercer caso y les prometemos que al terminar de leer este reportaje publicado en Gara usted podrá entender las razones por las cuáles los movimientos Alde Hemendik, Fan Hemendik y Ospa Eguna son tan vigorosos:


París entregó en 2015 la Legión de Honor al guardia civil Manuel Ángel Sánchez Corbi, uno de los principales mandos contra ETA. También es uno de los torturadores de Kepa Urra.

Alberto Pradilla

El Estado francés entregó en 2015 la Legión de Honor, su más alta condecoración, a uno de los torturadores de Kepa Urra, indultado en 1999. El guardia civil Manuel Ángel Sánchez Corbi, junto a José María De las Cuevas Carretero y a Antonio García Lozano, fue sentenciado por la Audiencia de Bizkaia en 1997 a 4 años de cárcel y 6 de inhabilitación por maltratar al ciudadano vasco durante su detención en Basauri el 29 de enero de 1992. Un año después, el Tribunal Supremo español redujo la condena de cárcel a 12 meses, pero mantuvo la sanción que le apartaba del cuerpo. Nunca se hizo efectiva ya que, en 1999, la ministra de Justicia durante el primer mandato de José María Aznar, Margarita Mariscal de Gante, indultó a los tres agentes. Al igual que ocurrió con De las Cuevas Carretero, cuyo caso relató GARA el pasado lunes, Sánchez Corbi siguió escalando en el estamento militar. En su caso, ha llegado hasta lo más alto: actualmente es coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Es decir, que el Estado español ha convertido a un torturador en uno de los principales mandos del Instituto Armado. Una carrera sustentada en sus éxitos en la denominada «lucha antiterrorista».

Los reconocimientos a Sánchez Corbi no han llegado solo de Madrid. El 16 de setiembre de 2015 fue condecorado con la Legión de Honor francesa junto a otro guardia civil, Pablo Martín Alonso, Jefe del Mando de Operaciones del Instituto Armado. Se trata del mayor galardón que otorga el Estado francés (instaurado en 1804 por Napoleón Bonaparte), y que el agente recibió como premio a su actividad contra ETA. El premio lo entregó Patrick Calvar, Director General de la Seguridad Interior en el Estado francés, en una ceremonia que tuvo lugar en la Residencia del Estado francés en Madrid, tal y como da cuenta la web de la embajada gala.

Únicamente tres guardias civiles han recibido esta condecoración. Que Sánchez Corbi sea uno de ellos se explica por la estrecha relación que ha mantenido históricamente con las autoridades del país galo. De hecho, se trata de un agente que domina perfectamente el francés. Esta cercanía con la administración de París quedó patente en noviembre de 2016 en Madrid, durante un acto de homenaje a la jueza Laurence Le Vert ofrecido por el Ministerio español del Interior (ya con Juan Ignacio Zoido al frente) y la Fundación de Víctimas del Terrorismo. La magistrada, actualmente jubilada pero que ha encabezado la actividad gala contra ETA durante décadas, nombró en repetidas ocasiones a Sánchez Corbi durante su discurso, asegurando que fue el guardia civil el que «le enseñó qué era» la organización armada vasca.

«Sucesor de Galindo»

Para entender el peso de Sánchez Corbi en la estructura militar de la Guardia Civil basta con recurrir a lo que dicen de él otros uniformados. Una nota emitida en noviembre de 2012 por el Sindicato Unificado de Policía (SUP) lo calificaba como el «sucesor del general (Enrique) Rodríguez Galindo en la defensa del espíritu militar de la Guardia Civil, de su consideración como un Cuerpo esencia de la Patria por encima de todas las instituciones». Comparar a Sánchez Corbi con el general condenado por el secuestro y muerte de Joxi Zabala y Joxean Lasa se encuadra en una pugna entre cuerpos policiales. Sin embargo, Sánchez Corbi nunca ha ocultado su admiración por el cuartel de Intxaurrondo.

También existen paralelismos entre Rodríguez Galindo y el torturador de Kepa Urra, aunque sea por los puestos que han ostentado. El actual jefe de la UCO se presenta como uno de los máximos responsables «contraterroristas», de igual modo que en su momento se presentó al jefe de Intxaurrondo como «azote de ETA». Como tal, es uno de los encargados de producir la literatura policial que explica su relato sobre el conflicto vasco. Así ocurre, por ejemplo, con un texto titulado «Cómo la Guardia Civil derrotó a ETA», en el que logra eludir en sus casi 30 páginas toda referencia a la tortura. De hecho, solo concede la existencia de «excesos» en un pasado remoto. Según su análisis, en el origen del apoyo social a ETA se ubicaba «una respuesta torpe y desproporcionada, que inclinó la balanza de la opinión pública (sobre todo la residente en el País Vasco y Navarra) hacía los terroristas, que acabaron pareciendo menos malos que el mismo Estado».

Este periódico ha tratado de ponerse en contacto con Sánchez Corbi, tanto a través del Ministerio de Interior como de la Guardia Civil, con el objetivo de obtener su valoración del hecho de que uno de los principales mandos del Instituto Armado sea un agente condenado por torturas y posteriormente indultado. Como ocurrió con De las Cuevas Carretero, no ha obtenido respuesta alguna.

«Es injusto que un terrorista como Otegi quiera pasar página»

«Es injusto que un terrorista como (Arnaldo) Otegi quiera pasar página». Así se expresaba el torturador indultado Manuel Sánchez Corbi, ya como coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, durante una conferencia titulada «Guardias civiles víctimas de ETA", organizada por la Universidad Camilo José Cela y la Unión de Guardias Civiles celebrada en mayo de 2016. En aquellos momentos, el secretario general de Sortu, recientemente excarcelado, aspiraba a ser el candidato a lehendakari de EH Bildu en las elecciones de setiembre. Finalmente, el Tribunal Constitucional español lo impidió.

Resulta significativo que un condenado e indultado por torturas sea quien proclame que no parecía razonable «pasar página» en relación a Otegi. Fue más allá y aseguró que «no es comprensible que se quiera reparar lo ocurrido entre 1936 y 1939 (la guerra civil española) y pasar página de lo ocurrido hasta 2009, hace siete años», afirmó, en referencia al último atentado mortal cometido por ETA.

En los últimos años Sánchez Corbi ha pasado por micrófonos como el de Onda Cero o el de la Cadena Cope. En sus intervenciones, dedicadas a alabar el papel de la Guardia Civil en Euskal Herria y apuntalar la versión de la «victoria sobre ETA», nunca se le ha escuchado mencionar su condición de torturador ni la existencia de maltratos en comisaría.

Una vida ligada a la Guardia Civil sin verse afectado por la condena

Las biografías que se encuentran de Manuel Sánchez Corbi reflejan una vida estrechamente vinculada a la Guardia Civil. No en vano, es hijo y nieto de miembros del Instituto Armado y se crió en el cuartel de Irun, donde estaba destinado su padre. Como si su historia ya estuviese escrita, el uniformado se inscribió en la Academia General Militar de Zaragoza, que es donde estudian los agentes denominados «sangre azul». Así se conoce a los uniformados que, tras superar los cursos, obtienen directamente el puesto de capitán. De aquí suelen venir la mayor parte de altos mandos del cuerpo fundado por el Duque de Ahumada en 1844. Es el caso de Sánchez Corbi, que comenzó la carrera que le ha llevado a coronel jefe en 1987, cuando aterrizó en la Brigada de Información de Bizakia. Sería en este puesto cuando, en 1992, participase en la detención de Kepa Urra, a quien torturó golpeándole y arrastrándole por el suelo en el monte para obtener información, según recogen las sentencias de la Audiencia de Bizkaia y del Tribunal Supremo español.

Estar condenado por maltratar a un ciudadano vasco detenido en una operación contra ETA no le ha impedido mantenerse durante 25 años envuelto en la denominada «lucha antiterrorista», que no abandonó hasta 2013, dos años después del cese.





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Donostia Marcha contra la Incineradora

Ya son años de lucha por parte de sectores de la sociedad gipuzkoana en contra de la obsesión por parte de los jeltzales de instalar una incineradora de residuos sólidos en esa herrialde.

Ayer las calles de Donostia se han abarrotado de personas que se han congregado para exigir una alternativa al manejo de la basura.

Aquí les compartimos esta nota publicada en Naiz:


Unas 4.000 personas han salido a la calle esta tarde en Donostia para decir alto y claro: «Ez, ez, ez, errausketarik ez! Badaukagu alternatiba!». Familias con niños, jubilados, ecologistas, jóvenes... han desafiado al mal tiempo para pedir de nuevo las autoridades y partidos que gobiernan la Diputación: «¡Parad el proyecto! ¡No hagáis oídos sordos al clamor de la ciudadanía!».

@gara_miantzi

El tiempo adverso invitaba a quedarse en casa, pero minutos antes de las 17.00 los alrededores del estadio de Anoeta se han ido llenando de gente. De la boca del topo de las 16.48 han salido numerosas familias y cuadrillas, paraguas en mano, dispuestos a completar el recorrido hasta el Boulevard.

¡Qué sorpresa se han llevado los más pequeños al ver un grupo de caballos! Estos han encabezado la marcha, junto con el sonido del cuerno. Después venía la pancarta principal, con el lema "Alternatiba dagoelako erraustegirik ez", y detrás, miles de personas. Según iba avanzando la manifestación se han sumado más personas que esperaban en las aceras. Además de donostiarras, había gente de diversos pueblos de Gipuzkoa. Según el recuento de NAIZ, se reunieron en total unas 4.000 ciudadanas y ciudadanos.

Crisis sanitaria

Durante todo el camino ha reinado el buen humor. Se veían muchas pancartas (de Eguzki, que también llevaba máscaras; de Tolosaldea, que reclamaba una sanidad pública de calidad; de Duintasuna, que reivindicaba que los jubilados tampoco quieren la incineradora...). Y se escuchaba un único grito: «Bai, badaukagu alternatiba! Ez, ez, ez, errausketarik ez!».

Cuando la cabeza de la marcha a llegado al Boulevar, a la cola le faltaba un buen cacho, por lo que se han entretenido danzando distintas coreografías, con la ayuda de un animador. Así, han convertido los paraguas en elementos artísticos.

En el mensaje final, leído en euskara y en castellano, han señalado que no aceptarán una incineradora que «perjudicará la salud, el medio ambiente, el empleo y las finanzas públicas de toda la ciudadanía de Gipuzkoa ¡hasta 2051!».

Han recordado también que vivimos en tiempos de profundas crisis: económica, política, ecológica, social, humanitaria... Y sanitaria, con cánceres, enfermedades congénitas y de todo tipo. «Con todo lo que sabemos ya de las consecuencias de la contaminación, ¿cómo vamos a permitir ahora la incineradora?».

Lo llevan proclamando muchos años y se han felicitado porque aún no existe la incineradora. «Además, hace años que en Gipuzkoa funciona una alternativa mejor, más limpia, saludable y barata en más de la mitad de los municipios del herrialde. Con una recogida selectiva aprovechamos, compostamos y reciclamos gran parte de los residuos. Y podemos tratar el resto sin incinerarlo».

Han defendido que todos los municipios pueden y deben entrar en esta vía. «Sabemos cómo gestionar mejor nuestros residuos: hagámoslo», han reivindicado en un Boulevard abarrotado.






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Crónica de un Exilio Neoliberal

Con todo eso que se habla de los refugiados que intentan penetrar la fortaleza europea, miles de ellos muriendo en el intento, conviene recordad que la propia Europa genera sus propios refugiados pues al final de cuentas, además del natural deseo de migrar hoy en día el terrícola común y corriente se ve sujeto a las distintas presiones provocadas por el neoliberlaismo imperialista.

En ese tenor les compartimos la editorial de Naiz dedicada al tema del éxodo de jóvenes vascos que se vive estos días:


Como en todos los fenómenos que se dan en nuestras sociedades, las condiciones en las que se exilian los jóvenes dependen profundamente de la clase social a la que pertenezcan. No es lo mismo quienes se exilian tentados por ofertas de trabajo o formación para élites que quienes se marchan empujados por no poder acceder ni a trabajos dignos ni a una mínima independencia personal.

Sin conocer las motivaciones que empujan a la juventud vasca a emigrar fuera de Euskal Herria es difícil hacer un perfil claro y valorar el sentido de este movimiento demográfico. Junto con este pequeño éxodo generacional habría que saber cuántos vuelven, en qué condiciones lo hacen, qué han ganado en ese itinerario, cómo aportan desde allí o al regresar a tierras vascas.

No obstante, las estadísticas que hoy publica GARA muestran claramente que hay una relación directa entre esta tendencia y la crisis económica. En los últimos tiempos algo más de 6.000 jóvenes abandonan cada año los territorios de Hego Euskal Herria para ir al extranjero y en un solo año el número de personas nacidas aquí que están inscritas en los consulados del mundo ha crecido en un 3,45%. Son datos significativos.

Más allá de discursos prefijados, prejuiciosos o buenistas, este tema no es parte del debate público. Sin embargo, supone un reto de gran magnitud de cara al futuro de nuestro país. Urge reflexionar al respecto.

Una visión positiva, que no naif

En su versión «culta», por decirlo de algún modo, la experiencia de residir en el extranjero es claramente positiva y enriquecedora. Ir a estudiar o trabajar fuera, lejos de las fronteras mentales y socioculturales propias, puede abrir tu mente, exponerte a otras realidades, acercarte a otros valores o ayudarte a detectar tendencias. En este sentido, salir al extranjero puede ser un paso más en el proceso de emancipación de una persona.

Comunitariamente, la formación que una persona reciba en el extranjero –sea esta formal o informal– y la experiencia acumulada pueden tener un retorno social relevante para una sociedad como la vasca. La educación del talento, el conocimiento adquirido, otras formas de hacer las cosas o la capacidad para contemplar otras dimensiones ofrecen perspectivas de las que nuestro sistema está muy necesitado. En todos los terrenos, desde la empresa hasta la cultura. La «manera española» de hacer las cosas es limitada y defectuosa para muchos de los retos que tiene nuestra sociedad.

Una realidad mucho menos edulcorada

En su versión «perentoria», ligada a la falta de oportunidades, expectativas o directamente a la exclusión, el exilio por razones económicas de las nuevas generaciones supone una experiencia personalmente desoladora y socialmente empobrecedora.

Evidentemente esto no quiere decir que no pueda ser particularmente enriquecedora para las personas que lo padecen, sino que no responde a su voluntad, que es forzado, que no es considerado ni apoyado por las instituciones vascas y que depende enteramente de su esfuerzo –en muchos casos también del de sus familias–, así como de grandes dosis de azar. 

Es cierto que, siguiendo tanto tradiciones vascas como dinámicas intrínsecas a la diáspora, existen redes de ayuda para los y las vascas desplazadas, creadas por las personas que antes que estas decidieron salir afuera. Esa asistencia resulta crucial. Entre otras cosas, porque facilita el acceso a servicios sociales, en algunos casos a ayudas, becas o directamente a trabajos a los que estas personas no tienen acceso en Euskal Herria. También es cierto que esa falta de perspectivas y una vivencia del trabajo alienante se puede reproducir en el extranjero, que esto alienta el parasitismo, que cambia el contexto cultural pero el sistema socioeconómico puede ser igualmente explotador.

La falta de políticas públicas proactivas en este terreno resulta desoladora. Ni siquiera hay un registro, unos perfiles, una orientación, una política de destinos o alianzas, de prioridades, por ejemplo, teniendo en cuenta las necesidades que existen en nuestro sistema sociolaboral y formativo. Existen algunas iniciativas dedicadas al retorno del talento, pero responden a criterios de excelencia, en ningún caso a quienes se marchan por necesidad. Hay un riesgo de descapitalización que habría que frenar. Un primer paso debería ser conocer mejor esta realidad, no ocultarla.





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Iruñea Insurrecta y la Irreverente Ikurriña

Se acerca el Aberri Eguna y la atmósfera vasquista que se respira estos días en Nafarroa preocupa a los españolazos, que se muestran frenéticos en temas como el euskera y la ikurriña.

Respecto a esta última, les queremos compartir este reportaje aparecido en la página de Deia:


La celebración del Aberri Eguna de 1967 en Nafarroa fue toda una apuesta que al final tuvo un resultado satisfactorio. El rodillo represor fue respondido por una afluencia masiva en un acontecimiento que marcó un antes y un después

Carlos C. Borra

La historia del Aberri Eguna, que comenzó en 1932 con su primera edición en Bilbao, quedó cortada de forma abrupta por la Guerra Civil y la caída del Ejército de Euskadi frente a las tropas sublevadas, lo que relegó al Día de la Patria a un ámbito clandestino en plena dictadura. Sin embargo, el ansia de libertad y el deseo de reivindicar la nación vasca eran cada vez más irrefrenables, y así volvió a la luz pública con la convocatoria de 1964 en Gernika. Con no pocas dificultades, y sintiendo de cerca el aliento de las autoridades españolas, prestas a cercenar cualquier tipo de exaltación del espíritu vasquista. El éxito de esta cita, con 30.000 asistentes según los organizadores, acabó por situarla de nuevo en el calendario pese a la coyuntura enormemente adversa. Pero la apuesta se redoblaría tan solo tres años después con la decisión de situar el Aberri Eguna en Iruñea. Una comunidad, Nafarroa, que lejos de ser declarada traidora como Bizkaia y Gipuzkoa, fue laureada por el caudillo. La represión y los intentos por impedir su celebración se multiplicaron de forma exponencial. Sin embargo, esta historia tuvo un final feliz, a juicio de quienes la vivieron en primera persona.

Es el caso de José Antonio Urbiola, entonces miembro de la Mesa Nacional de EGI, y que llegó a presidir el Napar Buru Batzar (NBB) entre 1992 y 2004. Recién llegado de París en diciembre de 1966, donde había permanecido tres años estudiando, y tras incorporarse al NBB, Urbiola participó en la reunión mensual del Euzkadi Buru Batzar (EBB) celebrada en Gasteiz. “En el orden del día estaba el Aberri Eguna del 67, y la primera pregunta era dónde celebrarlo”, rememora. Agrega que, “antes de que nadie tomase la palabra, mi compañero en ese momento en el Napar, Santiago Alonso, se adelantó y dijo: dónde va a ser, le corresponde a Iruña”.

“Para mí fue una sorpresa porque en aquel momento la organización del PNV en Navarra estaba francamente débil”, reconoce a DEIA. “Pero Alonso fue lo suficientemente optimista para poner encima de la mesa el nombre de Iruña, y nadie se atrevió a decir que no, porque tampoco había razones para ello”, añade. El Domingo de Pascua caía el 26 de marzo, y la dificultad añadida por el emplazamiento fue compensada en parte por el carácter unitario de la convocatoria: se sumaron el Gobierno vasco en el exilio, PNV, ANV, ETA, ETA-berri, PSOE, AR, UGT, CNT y ELA-STV. La elección de la capital navarra tenía un gran simbolismo en todos los ámbitos.

También tuvo una participación activa Juan Mari Feliu, que en la segunda legislatura de la democracia fue concejal del PNV y que actualmente es edil de EH Bildu en Huarte como miembro de EA. Experto montañero, Feliu llegó a Iruñea la víspera del Aberri Eguna, procedente de los entrenamientos que estaba realizando para la expedición a los Andes que tenía prevista. Rememora que en esos días “había amenazas y la prensa estaba muy caliente, todos los periódicos de aquí estaban en plan que nos invaden los vascos”. “Navarra era tierra de misiones en aquella época, más o menos como ahora”, asevera.

“Encierro anticipado”

En los prolegómenos del Aberri hubo una auténtica guerra de propaganda con llamamientos a acudir -“No olvides, navarro, que Iruña es por derecho propio la capital de Euskalerria, capital histórica a quien todos los vascos llevan en su corazón”, aseguró el PNV- y auténticas soflamas de los medios afines al régimen: “Es un insulto a Navarra. Proponemos que las autoridades no dificulten la llegada a Pamplona y que se permita a los navarros recibirlos con el calor que ellos saben hacerlo cuando se pone en duda su fidelidad a sus principios tradicionales. Tendremos así ocasión de asistir a un encierro anticipado de las fiestas de San Fermín”, apareció en Arriba España.

La revista clandestina Gudari situó al mismísimo Carrero Blanco al frente del aparato represivo del Aberri Eguna; según esta publicación, se habría barajado incluso sacar al Ejército a la calle. Buena parte de la tarea de llamar a acudir el 26 de marzo a Iruñea recayó en las juventudes del partido jeltzale, y Gudari escribió: “los grises se desriñonaron recogiendo la propaganda de EGI y del PNV”. Pintadas, carteles y octavillas fueron las herramientas más usadas, aunque, como apunta José Antonio Urbiola, “el aparato de propaganda que tuvimos después fue infinitamente superior”. Juan Mari Feliu recuerda que “muchos podíamos oír Radio Euzkadi, que se emitía desde la selva de Venezuela. La frase Aquí Radio Euzkadi, la voz de la resistencia vasca, te ponía los pelos de punta”.

Urbiola apunta que “llegaron personas de toda Euskal Herria. En casa de mis padres, por ejemplo, a la hora de comer había gente de todos los herrialdes, aquella casa estaba llena. El boca a boca funcionó y se consiguió un éxito considerable”. Según el relato pormenorizado que realizó Gudari en su número 39, esta convocatoria tuvo una afluencia masiva, con autobuses organizados desde toda Euskadi y desplazamientos por tren o vehículo particular. De forma paralela, los controles policiales empezaron el viernes, con registros y anotación de matrículas y documentación. Todos los que no pudieron entrar en la ciudad celebraron el Aberri de forma improvisada allí donde les pillara.

“Rodearon toda Pamplona, como ya tenían experiencia en hacerlo, lamentablemente”, explica el expresidente del NBB. “Pero ese fue precisamente parte de nuestro éxito, que fuimos capaces de montar un grupo de guías que condujeron a la gente al margen de las carreteras que estaban controladas por la Guardia Civil y la Policía”, agrega. A su juicio, “tampoco eran especialmente espabilados, porque a Pamplona se entra por mil sitios, no solo por las carreteras principales, y así se hizo”. Finalmente, y gracias al esfuerzo de estos abnegados abertzales, el sábado por la noche “parecía víspera de San Fermín”, según Gudari.

Golpizas filmadas

“La batalla de Iruña comenzó temprano”, aseguró la publicación que se encontraba entonces al margen de la legalidad. Miles de personas empezaron a confluir en la céntrica Plaza del Castillo después de la salida de misa. Mientras, la Gristapo, según la terminología de la revista, permanecía apostada en una calma tensa en sus jeeps. José Antonio Urbiola, que cuenta actualmente con 80 años de edad, retoma el relato: “el acto empezó con un “gora Euskadi askatuta”, gritado con un vozarrón fuerte, poderoso, que fue muy bien oído y muy bien respondido. A partir de ahí cargó la Policía y en eso consistió prácticamente, con la gente corriendo más de media hora para un lado y para otro”. Además de los “goras” a Euskadi y Nafarroa, la otra acción que acabó por desatar las cargas en apenas minutos fue el lanzamiento, a través de morteros de fabricación casera, de varias ikurriñas que cayeron lentamente sobre la multitud, provocando el asombro y la emoción entre los asistentes.

Precisamente, el cometido que le encargaron a Juan Mari Feliu en esa jornada, apenas unos días antes de embarcar rumbo a Perú, era sacar fotografías de dichas ikurriñas. “Teníamos que entregar esas fotos a gente que ya teníamos convenida para que llevaran las películas y los rollos al otro lado [Iparralde] y allí ofrecerlas a la prensa internacional”, explica. José Antonio Urbiola agrega que “Mikel Isasi fue el responsable de hacerse con los cohetes, que se habían fabricado en París. Nos dieron las instrucciones de cómo montar los tubos y quedó muy bonito, imagínate la emoción de toda esa gente viendo aquello que en Pamplona fue absolutamente insólito, sorprendente”.

Detenidos, heridos, un caos absoluto... Una estampa que ha quedado para la posteridad gracias a las filmaciones que la recogieron, otro “éxito en el aspecto organizativo” a juicio de Urbiola, y que aparecen en el documental Los hijos de Gernika. Porque “una cosa es saber que algo existe y otra poder verlo”, afirma en referencia a la represión: “en las imágenes se ve la paliza que la Policía le da a un pacífico ciudadano de alrededor de 60 años y sin ninguna pinta de borroka”. El campamento base con los miembros del PNV y la prensa estaba instalado en el Hotel Tres Reyes “porque el director, Pedro Turullols, era miembro del NBB. Nos ayudó con dinero para fianzas y multas, tengo un recuerdo muy profundo de él”, apostilla Feliu.

Crónicas desiguales

La resaca del Aberri Eguna tampoco fue fácil, con no pocos asistentes que se quedaron tirados en Iruñea. Por este motivo, según Feliu, “una de las tareas que teníamos era acoger a todas las personas que andaban por la calle y reubicarlas en casas de nacionalistas para que no fueran detenidas”. Se trataba de “servicios de vigilancia nocturna”, según la definición de Urbiola. Las crónicas de esta cita fueron desiguales, y mientras la prensa española habló de fracaso -la Agencia Cifra, afín al régimen, enumeró solo 600 manifestantes-, los medios extranjeros glosaron el hito de los 25.000 congregados.

Feliu concluye que “fue rompedor porque a partir de entonces mucha gente visualizó la represión franquista y eso coincidió con el nacimiento de una generación con ganas de luchar por esa causa”, de lo que pone como ejemplo la asociación juvenil Eusko Basterra, que surgió en septiembre de ese mismo año y que por tanto también cumple medio siglo. Urbiola destaca dos hechos significativos: “con la detención de la Red Álava en 1941, desapareció de la luz pública la lucha antifranquista del PNV, y el Aberri Eguna fue la primera muestra de que seguía existiendo”. Como consecuencia de ese “éxito”, además, “empezó la reconstrucción del partido en Navarra”.





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