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jueves, 31 de julio de 2008

El Falso Protocolo

La vedette jurídica Baltasar Garzón anda por allí estos días queriéndose hacer pasar por pulcro en lo que respecta a los derechos y garantías de las personas acusadas por el estado (o sea por él) citando algo llamado "el protocolo". Pues bien, lean estos dos textos publicados en Gara que ponen en claro que "el protocolo" es un cuento de hadas más en el reino franquista-borbónico.

Aquí tienen la nota de denuncia:

Los detenidos detallan «los peores días de nuestra vida»

Dos de los jóvenes detenidos la semana pasada, Libe Agirre y Adur Aristegi, presentarán una denuncia por torturas tras sufrir golpes, amenazas de violación y la aplicación de «la bolsa» durante el periodo de incomunicación.

Manex Altuna

Todavía conmocionados por los cinco días que permanecieron incomunicados durante la semana pasada a manos de la Guardia Civil, a Libe Agirre y Adur Aristegi se les hace un nudo en la garganta cuando atienden a GARA tras la rueda de prensa ofrecida ayer en Bilbo junto a los abogados de Torturaren Aurkako Taldea (TAT), Aiert Larrarte y Ane Ituiño. «Ha sido muy duro, lo hemos pasado muy mal. Han sido los peores días de nuestra vida», señala Aristegi. Y no puede añadir más.

Su rostro y voz entrecortada revelan que los malos tratos «físicos y sicológicos» sufridos y los «golpes» recibidos están todavía muy recientes y prefieren no volver a recordar lo padecido. No pudieron tomar la palabra en la comparecencia, pero como manifestó Larrarte «es de agradecer que den la cara en público, con la que está cayendo».

Los dos jóvenes de Elorrio fueron arrestados el pasado martes día 22 y recuperaron la libertad tras declarar ante Garzón la madrugada del domingo. Aristegi tuvo que abonar una fianza de 12.000 euros.

«No querían dejar marcas»

En los testimonios recogidos y difundidos ayer por TAT detallan haber sido maltratados por la Guardia Civil con continuos golpes en la cabeza, la aplicación de «la bolsa» y amenazas de violación, por lo que anunciaron que presentarán una denuncia judicial.

Los detalles ofrecidos son múltiples. Aristegi recuerda en su relato que a la Guardia Civil le «costó» dos horas encontrarle tras saltar por la ventana de su casa a la del vecino, pero que nada más detenerle le propinaron la primera paliza. Según cuenta, cuando le llevaban a casa para empezar el registro cada guardia civil que le veía le daba un tortazo en el cogote. «Supongo que no querían dejar marcas», concluye.

Las amenazas y los insultos fueron también constantes desde el principio. Al ser introducido en el Patrol, explica que un guardia civil le cogió del cuello y le dijo que «como te muevas en el Patrol te vamos a matar, hijo de puta. Esto va a ser un infierno».

Aristegi manifiesta que el traslado a Madrid fue «peor» que los interrogatorios en la comisaría de Tres Cantos. «Me querían asustar con amenazas de que me iban a hacer el `Aquapark', lo que le hicieron a Lupi -Gorka Lupiañez detenido por la Guardia Civil en diciembre que denunció haber sido torturado brutalmente-, aunque luego decían que `no vas a llegar a eso, porque vas a cantar todo antes de llegar. Esto tiene siete fases y tú estás en la primera, como mucho para la cuarta vas a cantar todo lo que sabes'».

Asimismo, cuenta que le colocaron la «bolsa» y que le empezaron a tirar del pelo muy enfadados después de romperla con los dientes. El joven de Elorrio revela también que uno de los agentes, al que llamaban «El Bilbaino», le preguntó si conocía a «ése de tu pueblo que se suicidó en la cárcel» -en alusión a Joxe Mari Aranzamendi, Katxue, fallecido en 1997-, porque «ése pasó por mis manos y ya sabes cómo llegó a la cárcel, ¿no? Pues ya sabes lo que te toca».

Según explica, en los interrogatorios le colocan la bolsa en la cabeza, le obligan a hacer flexiones, le estiran de los genitales y le hacen colocarse en posturas incómodas, además de amenazarle con que «sabes que te vamos a meter el palo por el culo».

Aristegi señala que ha perdido siete kilos tras su detención y que no contó nada a los médicos por «miedo a que el trato de la Guardia Civil empeorara», como le aseguraron. El relato de Libe Agirre también coincide en ese punto.

La vecina de Elorrio fue detenida en Fuengirola cuando se encontraba de vacaciones y narra que el trato fue correcto hasta su llegada a Madrid. Fue entonces cuando comenzó a re- cibir amenazas de violación hacia ella y su pareja, Gaizka Jareño, detenido en esa misma operación, cuando las respuestas no les gustaban. «Aunque no me hicieron nada de lo que decían me metieron el miedo en el cuerpo», explica.

Desde TAT explicaron que por el momento los de Aristegi y Agirre son los únicos testimonios que han podido recabar, aunque creen que el resto de los detenidos en esa operación interpondrán también una denuncia, ya que todos declararon ante Garzón haber sido víctimas de malos tratos.

Encarcelados

Asier Ezeiza y Olga Comes, detenidos junto a Dijon, han sido encarcelados ya tras pasar por los juzgados de París en la noche del martes. La vecina de Iruñea fue enviada a Fleury-Merogis, mientras que Ezeiza ha sido encerrado en Fresnes.
Iruñea-Segura

En Iruñea se hizo ayer una asamblea donde se informó de la situación de Comes y se realizó un corte de carretera en Monasterio de la Oliva. En Segura, una concentración denunció la situación de Aloña Muñoa, que está en peligro de ser extraditada.
«El protocolo no impide que la Guardia Civil siga pegando»

Los abogados de TAT Aiert Larrarte y Ane Ituiño denunciaron que el protocolo diseñado por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón en 2006 no «garantiza» que dejen de producirse casos de tortura. Ituiño explicó que tras conocer que Garzón ordenó las detenciones de la semana pasada mandaron un escrito reclamando que aplicara el protocolo. Según señaló, este procedimiento implica que los detenidos que están incomunicados pueden ser vistos por un médico de su confianza, que se les grabe en todo momento y que se informe a sus familiares de la situación en la que se encuentran.

Desde la Audiencia Nacional les manifestaron por teléfono que los arrestados iban a poder ser visitados por su médico de confianza y se trasladaron hasta Madrid. Sin embargo, indicó que pasaron más de 40 horas desde que fueron detenidos hasta que fueron vistos por un médico de confianza y que tampoco se cumplieron las tres visitas diarias previstas ya que no tuvieron conocimiento del paradero de algunos de los detenidos durante más de 24 horas. Además, censuró que el médico de confianza tenía que ver a los arrestados en presencia del médico forense, no podía hablar en euskara con ellos y estaba obligado a no revelar lo que veía porque todo lo que sucedía en esa visita era confidencial.

Por todo ello, Ituiño criticó que el médico de confianza visita a los detenidos, pero «la Guardia Civil sigue pegando y pegando».

Larrarte, por su parte, incidió en que no tienen constancia de que el periodo de incomunicación fuera grabado y aseguró que para acabar con las torturas hay que terminar con la incomunicación.

El abogado sentenció gráficamente que «Guardia Civil + incomunicación + Audiencia Nacional = tortura», una ecuación que «siempre se repite». Criticó además a los medios de comunicación por dar validez a unas informaciones obtenidas bajo tortura, en alusión a las filtraciones policiales sobre los supuestos planes de atentados de ETA.


Y un comentario al respecto:

Las «garantías» de un protocolo amañado

Dos de las personas arrestadas la semana pasada en el marco de la operación desarrollada por la Guardia Civil han presentado ante el juzgado, tras quedar en libertad, sendas denuncias por las torturas y malos tratos recibidos durante su paso por comisaría en régimen de incomunicación. Los ocho detenidos restantes, siete de ellos ahora en prisión, han anunciado que harán lo propio en breve. El testimonio de los dos torturados pone de manifiesto la nula validez del protocolo puesto en marcha por el juez Baltasar Garzón para «evitar» las torturas a los detenidos en las dependencias policiales. Según declararon, el médico de confianza que debía constatar el estado de salud de los arrestados durante el periodo de incomunicación no pudo realizar su primera visita hasta pasadas 40 horas desde el momento de la detención y, además, a este facultativo se le exigió posteriormente confidencialidad total sobre lo que pudiera constatar en las visitas.

Quienes, desde la caverna mediática española, atribuían a Garzón «veleidades garantistas» en lugar de «firmeza policial» con los detenidos ya pueden dormir tranquilos: el protocolo cumple todos los requisitos para permitir trabajar con libertad a los especialistas en obtener declaraciones. Mientras la incomunicación persista, no hay cuidado de que los derechos de los detenidos puedan estropear una «buena» confesión.




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